De golpes, golpes…y otros golpes

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Hoy toca post de esos que son típicos de padres que nos consideramos sufridores…¿verdad Carlos Escudero? Seguramente te sonará un poco todo lo que diré en él…

Resulta que cuando los niños crecen y se van haciendo autónomos, cada vez más, la especie de los padres sufridores, vemos más peligros a su alrededor (en agosto del año pasado ya dediqué un post al momento vital en que Nil pasaba de gatear a caminar, y, en concreto, a la habilidad para golpearse que había desarrollado tan eficientemente!).

Pues bien, actualmente, Nil tiene casi un año y medio, y ya no camina…corre, y además ha crecido…él, y su facilidad para golpearse. Y claro, a mí que me encantan las fórmulas matemáticas para poder teorizar sobre las cosas que les pasan a mis hijos…pues ya he encontrado otra:
“La fuerza del golpe que se dan es directamente proporcional a la velocidad y a la inercia que llevan (básicamente si son o no son muy animales, y si tenemos en cuenta que mis hijos son como aquellos juguetes que les das cuerda y que cuando los llevo a cuestas y los dejo en el suelo, se ponen a correr hacia la dirección donde los dejo hasta que se les acaba la cuerda o se termine el mundo tal y como lo conocemos…que no sé lo que pasará antes!), a su falta de habilidad y a su altura corporal”.
Y ahora mismo, Nil, está en uno de los máximos de esta fórmula porque la combinación de las tres variables es casi perfecta, ya que se juntan sus ganas de correr y su altura con una falta de habilidad más que evidente. La prueba evidente de todo esto es el “careto” que tiene ahora mismo!

Resulta que la semana pasada, mientras Mariona y yo desayunábamos tranquilamente en la cocina (cosa que, a veces, ocurre!), Nil estaba comiendo/rompiendo/pulverizando unas galletas. De repente, Martí, nos llamó desde nuestra habitación (la sorpresa hubiera sido que nos hubiera llamado desde la suya. Si sigue así la cambiaremos y haremos un trastero en su lugar!) Y Nil, como buen y curioso hermano menor, se fue corriendo hacia la voz. Ya os podéis imaginar la combinación ganadora: niño corriendo, una ligera inhabilidad de coordinación, una altura respetable y se suma que la habitación estaba a oscuras y una cama bajita de madera con unos cantos respetables… Resultado esperado: un impacto frontal (de Nil) en el ” canto” de madera del soporte del tatami y el futón donde dormimos. Sólo hay que ver la foto que acompaña el post para obtener el resultado visual.
Cuando oímos el llanto de Nil, fuimos corriendo porque no era normal, encendimos la luz de la habitación, y allí estaba, plantado ante mí con la cara llena de sangre. (NOTA: llena, llena, quizás no, pero yo tengo una ligera tendencia a hacerme películas mentales un poco “gore” cuando mis hijos se pueden hacer o se hacen daño, y entonces, los veo en todas las situaciones alternativas y algo tarantiniana de qué podría pasar si les sucede la situación que tengo en mi mente. En el caso que estén cerca de un barranco, junto a una carretera llena de coches, o cerca de un perro feroz…ya os podéis imaginar, o no, qué me pasa por mi cabecita, hasta que vuelvo a la realidad). Pues bien, Nil estaba allí, lleno de sangre y como yo no sabía de dónde brotaba, lo primero que miré es que tuviera sus dos ojos, porque su tendencia innata, sumado al peso de su cabeza, provoca que todas las caídas sean desde su boca hasta la coronilla. Le lavé la cara y descubrimos un corte a la altura de la nariz justo entre los dos ojos. Una vez limpiado, daba un poco de grima, pero los dos globos oculares estaban intactos, y todos sus dientes de leche (los que tiene), también, por lo tanto, el daño parecía menor…
Al cabo de veinte segundos, Nil, se había convertido en “El Hombre Elefante” porque el bulto que tenía entre ojo y ojo era digno de ver. Y Mariona lo cogió deprisa y se lo llevó a Urgencias…

…el resto es más sencillo…el corte era importante y estuvieron a punto de ponerle un punto de sutura. Al final, le pusieron un tipo de tirita que funciona como un punto de sutura, y que tenía que llevarlo dos días y le duró dos horas…

O sea…que si continúa la proporción de golpes de mis dos personitas creativas, ya me puedo ir calzando!!. También es cierto que si bien cada vez correrán más y serán más altos, también serán más hábiles. Sólo tengo que calcular qué momento será el máximo de la fórmula matemática para ser consciente de mi momento máximo de sufrimiento, que espero que no sea infinito…

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Un comentario en “De golpes, golpes…y otros golpes

  1. Jajajaja como te comprendo!!! Mi saco de hormonas es todo el un cromo dwsde quw descubrio el arte de trepar a los árboles y ahi, en tu ecuación se suman las bambas jajaja

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