Una habitación llena de gente…

Imaginaros la situación: una habitación de hospital llena de gente…familiares…amigos y de repente, sin avisar…un bebé se pone a llorar! Así, sin pedir permiso ni nada! Y los padres, que son primerizos, que se ponen nerviosos, no saben qué hacer.

Menos mal de la gente que tenemos alrededor, piensan en voz baja, y que nos ayudarán con su experiencia y así sabremos qué le pasa a nuestro hijo...

– La madre reacciona y piensa que debe de tener hambre y se le acerca…bien cerquita. Pero el niño que no quiere coger la teta…

– La abuela piensa que seguro que tiene frío, y, por lo tanto, lo cubre un poquito con una mantita.
Pero el niño sigue llorando…sudado…y llorando…

– Los tíos, que ya tienen hijos mayores, piensan que qué suerte que ya sean mayores, y que qué pereza les daría tener un niño o niña ahora…menos aquel tío o tía que no ha podido tener hijos y que hace lo imposible para que la lágrima se le seque antes de resbalar por la mejilla…

– El amigo gamberro, aquél que no tiene novia, ni quiere…o quizás sí, y que no sabe ni cómo escaparse de la habitación porque se estresa sólo en pensar si alguna vez decide poner “cordura” o “arrebato” en su vida…dilo como quieras…

– El enfermero o enfermera que dice que la habitación está demasiado llena y que hagan el favor de irse: ” No, tú, padre (que es el nombre que tendrás a partir de ahora), no es necesario que te vayas ! “

– El pediatra, que está tan acostumbrado a que los bebés lloren, ni se ha dado cuenta del lío que hay dentro de la habitación, aunque sólo faltan los Hermanos Marx…

– El padre…el padre, que es sufridor por naturaleza, oye el llanto de su hijo y piensa:
“Madre mía, donde me he metido, se acabó dormir, y ver la TV, y comer tranquilo, y…y esto no se puede aguantar, si se tira todo el día llorando, a mí me va un infarto y…por favor, Dios Mío (aunque no es creyente), que no se haya hecho caca, que no sé ni cómo poner el pañal, y lo peor, no sé ni cómo coger al niño, que me da miedo romperlo (son tan pequeños todos?) y…segurísimo que tiene aquellos cólicos “nefríticos” que leí en el Internet y que lloran todo el día y toda la noche y… segurísimo que no tengo más hijos, dónde está el urólogo para que me haga una vasectomía de urgencia por depresión parental y…el bucle de pensamiento padre-hijo que llora es infinito hasta que el niño no para de llorar o recibe una “colleja” de la madre”

– Y el bebé…el bebé, ajeno a todo lo que aquellos gigantes estresados ​​están pensando, piensa: “Y si alguien me rasca la oreja, por favor, que me pica…y yo no sé ni qué es una oreja, ni qué es una mano, ni qué es picar, ni qué es rascar?????

Y de sopetón, el bebé, deja de llorar, sonríe y todos aquellos gigantes estresados ​​se calman…y el papá, a pesar de seguir estresado, deja la vasectomía para más adelante, porque, al final , quizás me voy a divertir haciendo de padre!

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