De rodillas peladas…camisetas de Mazinger Z y miscelánea de los 70…

20130411-211710

Esta es una carta personal que escribo a mi Enric niño…para que no olvide nunca quién fui…quién soy…y quien seré…

No podía tener un blog sin agradecer a mi niño interior que me haya ayudado a ser la personita que soy hoy. Y me refiero a dar las gracias a mi niño interior cuando coincidía con el niño exterior (o sea, cuando era pequeñito!). El niño interior…la personita creativa…dilo como quieras… ponle el nombre que te apetezca, pero nosotros decidimos si queremos llevarlo a diario en nuestro interior y dejarlo salir cuando nos apetezca…o si queremos olvidarnos de él…yo ya lo he decidido…

La carta hace referencia a los momentos más felices que pasamos de pequeños, y os animo a hacer vuestra carta a vuestro niño y a darle las gracias y compartirlo…

“Querido Enric:

Hoy te he visto y te he mirado, y me he dado cuenta…que fuimos, y somos muy felices. Te he visto riendo, libremente y con inocencia, con las rodillas peladas (o eso parece debajo de las “tiritas”), heridas de felicidad, dolor del que reconforta y que se mezcla con el orgullo de haber caído de la bici “Orbea” porque ibas demasiado deprisa. Con los pantalones cortos para enseñarlas con orgullo…
Eran casi tres meses de vacaciones...la Felicidad Absoluta. Todos amontonados dentro del Renault 5 de color amarillo y todo el día encima de la bici (cuando no estaba debajo…)

Y tenía pelo…y mucho! Sorprendente, visto con la perspectiva de hoy cuando mi hijo Martí me dice: “Papá, aquí (en la cabeza) no tienes pelo!” Gracias por ser tan sincero…grrrrrrrr…disfrútalo mientras puedas…jejejeje!!!

Por mucho que me esfuerce, no puedo recordar ningún momento triste de mi infancia…de mis 6 o 7 años que debía tener en la foto. Tengo que ir mucho más adelante en mi vida para recordar instantes tristes…

Ay! Que me voy del tema…continúo: un viaje, el de las vacaciones, de casi una hora y media, mareos incluídos, la palangana entre mis pies, los muslos quemados por los jodidos asientos del coche combinados con el sol abrasador de julio. Un sol, el de los años 70 y 80 que iba sin aire acondicionado…y aquellas emisoras de onda corta, donde los locutores sólo hablaban…pero era la Felicidad Absoluta. No quitaría ni pondría nada…bueno, tal vez pondría aire acondicionado, pero la libertad de salir de casa a las diez de la mañana, y que me dijeran: “vuelve a las dos a comer, a las seis a merendar, a las nuevo a cenar y cada año, me daban más margen a la hora de ir a dormir mientras oía las campanas que me marcaban las horas importantes…eso, es la Felicidad Absoluta.

Leche de verdad para el desayuno…demasiado buena para mi gusto!. Colajet para después de comer…ese grandísimo helado que si te despistabas, se te rompía la parte de arriba, la buena…la de chocolate…y te la tenías que comer de golpe, sin poder chupar…y acumulando Colajet gratis hasta llegar al clásico dolor de barriga veraniego…. Aquellas dos horas antes de tirarte a la piscina después de comer porque sino, vendría el Sr. Corte de Digestión…una pequeña leyenda urbana entrañable para que los padres tuvieran dos horas de descanso, de siesta….Camisetas del Mazinger Z sucias del pan con nocilla de la merienda...y ese cambio de bici a la magnífica “Panther” de color amarillo que te hacía sentir que ya eras mayor…

Casi siempre éramos los últimos de terminar las vacaciones (y los primeros de comenzarlas), el pueblo iba quedando vacío, y mientras volvíamos a hacer el equipaje, con esas ganas de volver a ver a los amigos de la escuela, no podía evitar pensar en el horroroso viaje de vuelta, con todas las curvas, que me sabía a la perfección de cada año, y cuando llegaba a casa, me daba la sensación que Manresa era enorme y el piso que teníamos, muy ordenado, muy grande y muy bonito…pero la bici (y otras cosas) se habían quedado en el pueblo…esperándome para el verano que viene…los recuerdos me los traía conmigo y las historias también…

Con todo esto…Enric, te doy las gracias por todo lo que viviste y me comprometo a ser aquel Enric más a menudo. Como mínimo, un ratito cada día, y entre bronca y bronca a Martí y a Nil, yo también meteré el dedo en el bote de Nocilla…es la Felicidad Absoluta…

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