Y ahora que me he comido el bocata…qué? (y 2)

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Os lo había prometido! Este julio…estas mañanas de julio…son un camino de ida y vuelta…por la mañana dejo a los niños en la piscina y en la guardería, pero como todavía tienen 3 años y 8 meses Martí, y 20 meses Nil, tengo que ir a recogerlos a sus respectivos puestos porque solos, solos…todavía no pueden ir…

Y, claro…como ya os dije…Martí, a las 13 horas ya está y 4 horas pasan muy, muy rápido. Ya estoy saliendo del trabajo…auriculares en las orejas y a la piscina que me voy…a más de 30 grados…me sobra todo…y voy solo, de momento,…bermudas…tirantes y chanclas. Llego y, como siempre…Martí, maleta de ruedas y siempre con algún extra que han hecho allí: estrellas de mar, peces, dibujos, esculturas,…y ya tenemos medio pack completo de familia. Lo que sería un camino de 10 minutitos hasta casa, se alarga porque justo al lado está el Museo Comarcal donde duermen los Gigantes y Cabezudos de Manresa, y Martí (quién me siga desde hace tiempo ya conocerá su obsesión por gigantes , cabezudos, dragones y correfocs) y hay que entrar cada día para comprobar que están, tocarlos todos y saludarlos…es muy friki mi hijo medio-mayor!!

Llegamos a casa…hago la comida…hidratos de carbono y proteínas…lo que viene a ser macarrones y hamburguesa, hablando sin eufemismos…y una vez he terminado de lavar los platos me voy al comedor y como sé que a las 15 horas voy a buscar al otro tarugo, trato de descansar un rato y dar conversación a Martí. Y me preguntaréis…porque le das conversación a Martí? Para EVITAR QUE SE DUERMA!!!!!!(y lo digo así gritando!). Martí todavía es de siestas largas si está tranquilo, y de malos despertares…y si se duerme me complica la tarea de ir a buscar a Nil. Vamos a ver las opciones:

1. Martí no se ha dormido, gracias a mis exquisitas conversaciones que lo mantienen despierto, y salimos de casa ambos caminando y cogiditos de la mano…a 35 grados a la sombra y sudando como pollos…pero bien felices y a buscar a Nil.

2. Martí se ha dormido y aquí se me abre un bonito abanico de decisiones cuánticas que pueden complicar mi existencia temporal más cercana hasta límites insospechados. Puedo intentar despertarle con argucias varias e imaginación de padre…sutiles…cómo gritarle al oído, subir el volumen de la tele, decirle que echan sus dibujos preferidos o amenazándolo de muerte (ficticia por supuesto) sino abre los ojitos. Si se despierta o medio-despierta, que para el caso, es lo mismo, me lo llevo caminando, encima de los hombros (acompañado de una exquisita contractura traezoidal), a cuestas, arrastrándose, reptando, rodando como una croqueta…para poder llegar a la hora a recoger a Nil. Esta opción es medio sencilla, peor que la primera pero mejor que la tercera.

3. La última opción es la: Está tan sobado que no puedo despertarle ninguna forma sin causarle un trauma de por vida. Entonces, la única opción es cogerlo y ponerlo en el cochecito (Sí…está la opción coche pero tampoco os creáis que, en mi caso, me facilitaría mucho la vida. Merece un post aparte!). No pasa nada por ponerlo en el cochecito…sino fuera porque ya tengo otro cochecito en la guardería de Nil…y con patinete incorporado…y, claro, a falta de que me lleguen los dos brazos adicionales que he pedido para facilitarme mi vida de padre, me he de conformar con los dos que tengo! Y, salgo de casa con el cochecito y Martí…llego a la guardería…super bien y descansado y me encuentro con la combinación un padre, dos hijos, y dos cochecitos (que cedo para que pueda ponerse como problema de Selectividad en Matemáticas…¿Cómo lo hace un padre solo para volver a casa con todo y con las variables que ya he explicado?). Tengo que volver a casa y puedo dejar uno de los cochecitos allí y algún día (lejano) recuperarlo. También podría simular un infarto para que me vinieran a recoger con todo el pack. Pero al final, y en un momento de lucidez único…de esa creatividad que te surge cuando te conviertes en padre…esa inteligencia parental que ya debería formar parte de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner, provoca que se me ocurra plegar el cochecito pequeño (tipo paraguas), ponerlo debajo del grande (el cochecito), sentar a Nil y poner a Martí en el patinete, de pie, y esquivando el cochecito pequeño…y yo…empujando con todas las fuerzas del entrenamiento diario al que me someto, llego a casa medio deshidratado del todo (no sabía que se podía sudar tanto sin estar en una sauna!) superando descensos terroríficos, puertos de primera categoría, temperaturas extremas, dos niños gritones y llorosos (en parte porque tienen sed y me he vuelto a dejar el agua en casa)…

…y para demostrar esto…he colgado la foto del delito…ahí queda eso…

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