Murphy haciendo horas extras (18 horitas)…

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Ya estoy aquí. He vuelto. Reabro el blog. Con un post terrorífico.

Xavi, amigo del alma, cada verano me suelta una que me acaba haciéndole dar la razón. El verano pasado nos encontramos a finales de julio y me dijo. “Ya verás, que parece muy lejano, pero de aquí a nada ya estaremos en tu casa mirando el Correfoc desde el balcón (que es a finales de agosto)”. Y tenía razón, qué mamón!. Y este año, en una de sus predicciones malvadas, y después de contarle cómo habíamos planificado el viaje en coche hacia el Cabo de Gata, me suelta: “Aunque lo planifiques, seguro que no saldrá tal y como lo tienes previsto”. Yo pensé: “Que cabrón!”, pero después, creí que quizás tenía razón, y que 7 horas dentro de un coche, Mariona y yo, con los dos niños, llenos de paquetes, patinetes, bicis y miscelánea variada, quizás, y sólo quizás, algo podía salir mal. Por lo tanto, empezamos a hacer lista y nos aprovisionamos: Galletas variadas (con la expectativa que nos dejaríamos las que querían); agua fría, muy fría (que sino Nil no la quiere); agua no tan fría (para Martí); iPads cargados al 100 % (sabiendo que no durarían todo el viaje); salida a las 7 horas de la mañana después de hacer tantos cálculos de dormidas y siestas de los niños, que nos convalidarían segundo de álgebra de Ingeniería; paradas estudiadas; depósito lleno de gasolina;…Todo PERFECTO!!!!!!

Y sí, salimos de casa sobre la hora prevista, los niños se despiertan y al rato se vuelven a dormir. Los planes salen bien, y me encanta (un poco Equipo A, lo sé!). A la altura del Delta del Ebro se despiertan y decidimos parar a desayunar en una área de servicio a un “módico” precio, a una módica calidad y a una módica cola de gente medio dormida. Vamos deprisa. Cogemos el coche. Todo va bien. Y cuando habíamos conducido cinco minutos de autopista, el Sr. Murphy nos llama a la puerta. El Sr. Tenía-previsto-cualquier-cosa-menos-esta nos hace una visita. Oigo como un ruído de golpe delante del coche y pienso que hemos atropellado algún animal o hemos aplastado algo. Pero no. Se enciende una luz naranja de ESP (no tengo ni puta idea de lo que es, sólo transcribo lo que veía…), y pienso, bien, naranja no es tan malo cómo rojo (creo), pero al cabo de unos segundos se enciende la luz roja del motor y empieza a perder potencia. Ahora sí! Se nos había estropeado el coche. Paro donde puedo (cerca de un peaje) después de nervios (exagerados por parte de Mariona puesto que, al rato, me explica que ella cree que cuando se estropea un coche, explotará y tendrá que saltar en medio de la autopista a 100 Km/h con los niños cogidos!).

Son las 10 horas de la mañana, acabamos de salir de Catalunya, quedan 5 horas de viaje y parece que Xavi empezaba a tener razón…otra vez! Llamo a la compañía de seguros. Es sábado. Es agosto. Y me dicen que es un mal día para que se me estropee el coche. Me disculpo por no haber elegido un lunes de octubre. Y después de hablar con un mecánico por teléfono y decirme que esto de la luz roja puede no ser nada y que si voy a 90-100 km/h puedo ir tirando hasta *Cabo de Gata (OMG!), constato que al cabo de poquitos kilómetros, empieza a salir un humo sospechoso por el tubo de escape y decidimos poner fin a la aventura.

No os aburriré con llamadas y gestiones variadas. El resumen es que, a las 13 horas estábamos en Vinaròs con un coche de alquiler lleno hasta arriba, con nuestra furgo en la grúa (con los patinetes y la bici) y de camino a buscar nuestro plano B…el coche pequeño que estaba en Mataró! El coche pequeño es…pequeño…un Citroën C3 y, por lo tanto, ya os podéis imaginar el Tetris que montó Mariona para poner todo lo que traíamos en la furgo. Lo hizo. Pasó de nivel. Récord Mundial de Tetris!. A las 15 horas, estábamos comiendo en Mataró y, a punto para (re)empezar el viaje hacia Cabo de Gata (pensamos en desisitir, en marchar el día siguiente, en esperar que arreglaran el coche hasta, que nos dijeron que tardaría 4 o 5 días, pero les pedimos la opinión a los niños y nos dijeron de tirar!).

Sólo os digo que el viaje fue como una seda, los niños se portaron espectacularmente bien, hicieron las dormidas y siestas que tocaban, y más, y bebieron agua, y comieron galletas, e hicimos paradas de rigor para hacer pipis y cacas, y discutieron un poquito, y se pegaron un poquito, y hacia la 1 de la madrugada (os acordáis que salimos de casa a las 7 horas de la mañana?) llegamos a Las Negras. Los niños se despertaron. Estaban en un lugar nuevo. Molaba. Y hacía más de 3 horas que dormían en el coche. Os podéis imaginar que no se durmieron enseguida, no? Pero esto, ya es otro post…o no…no lo sé…ya lo veremos!

Yo sólo sé que pedimos unas vacaciones como las de antes, sin móviles, de desconexión, de colajets o de dráculas y de jugar con piedrecitas en la playa. Y lo tuvimos. De momento, empezamos con un viajecito de 18 horas, como si hubiéramos ido al Cabo de Gata con un Renault 5 amarillo…con aire acondicionado eso sí!.

Yo sólo sé que los niños pidieron tener un gato, y lo tuvimos, un gatito que se comió una semilla y que, después de esto, Martí y Nil esperaban cada día que se convirtiera en árbol…el “gatito-árbol”…qué monos!!!! No puede pasar, no?

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