La primera vez…

El mundo está lleno de primeras veces. Hay un montón. Sólo debemos estar atentos para verlas y para vivirlas. Y cuando tienes hijos, se multiplican. Los hijos no, las primeras veces!
Al nacer, los días están llenos de primeras veces y, a medida que vamos creciendo, van quedando en un segundo plano, entre segundas veces, terceras veces, hábitos y rutinas, y, entonces, cuando un día nos preguntan cuándo es la última vez que hemos hecho algo por primera vez, nos quedamos con cara de pan y no sabemos qué contestar.
Y hoy es uno de esos días. Un día de primeras veces. Para Martí. Hoy es el primer día que se queda a dormir en casa de un amiguito. En casa de Gerard. En Fonollosa.
Y tan emocionado que se ha levantado más temprano de lo normal. Está más emocionado que el día que se fue de colonias. Lleva una nota para la escuela. Una sonrisa que no le cabe en la cara. Y mañana, cuando lo vayamos a buscar a la escuela, nos lo contará todo, con pelos y señales. Muchos pelos y muchas señales, que si algo hace Martí, es charlar. Por los codos, debajo del agua. Es muy guapo él.
Y resulta que todo esto pasa el día que Mariona se queda clavada. Lumbalgia. Es lo que tiene “hacer domingo” en domingo. Hacer mucho domingo. Ordenar lo inordenable, y en un día. Y, claro, las lumbares tienen un límite…
Martí, es tan bonito que dijo que pediría por Reyes que mamá no tuviera dolor de espalda. Esperamos que ya no tenga el día de Reyes…estamos a mayo !!!!!!
Nil, aunque no tiene claro qué es esto del dolor de espalda y sigue saltando encima de ella como un animal. Como sino hubiera un mañana. Viviendo al límite. Él, y todos los que están a su lado. Guapísimo también.
Y hoy, entre formación y formación, entre Igualada y Manlleu, acompaño acMariona a urgencias. Todo se queda en “algo” muscular. Por suerte. Unos días de reposo y de medicamentos variados. De hecho, hemos salido de urgencias y llevaba tantos relajantes musculares que le quedaba bien poco para parecerse a una medusa…
Y, claro, había dicho que hoy era un día de primeras veces. La de Martí en casa de su amiguito Gerard, pero también la de Mariona, la primera lumbalgia. Y mía, comenzando una formación de trabajo en equipo en Manlleu.
Sólo hay que poner atención a estas primeras veces. Y hay primeras veces y primeras veces. De todas tenemos que aprender. Cada día hay muchas. El lunes más “normal” puede ser uno de ellos. Y el martes. Y el miércoles. Y…

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