Y yo me dejo…mucho…


Hay momentos como padre que te preguntas si estás haciendo las cosas bien o si las podrías estar haciendo mejor. De hecho, hay una diferencia grande en las dos frases.Y entonces, empiezas a dudar: “Tanta PNL y tanta gestión emocional y termino perdiendo los nervios”. “Ya verás cuando sea mayor, que se acordará de esto que le acabo de decir hoy, déjame hacer un blog que, como mínimo nos quedará claro el día que tuvo el trauma !!!!”. Y como estas, muchas más!
Y sí, hay muchos momentos que me pregunto si no podría hacer algo más, o mejor, para que Martí y Nil sean más felices. Y me lo pregunto, y me respondo, a veces, cuando me parece tener la respuesta,…
Y entonces, llegan momentos, de esos que yo llamo especiales, de conexión padre-hijo, los que me hacen dar cuenta que quizás no lo hago tan mal.
Cuando llego a casa después de unos días de verlos poquito. Que vienen los dos y te abrazan con una fuerza que sólo pueden hacer los hijos cuando echan de menos a su padre o su madre. Son abrazos mágicos. De los que curan días malos y más malos. Abrazos ruidosos. Van acompañados de sonidos vocales variados de “Lo bien que estoy aquí, papa, no te vayas”. Son abrazos de segundos, porque ahora viene Martí, ahora viene Nil. Y ambos los necesitan. Bueno, los dos, no…los tres! Los abrazos de mis hijos son uno de los mejores inventos terapéuticos del mundo.
Se me echan encima. Me echo encima. Nos besamos. Abrazos. Nil me pega un poco. Martí no tanto. Y de repente, cuando ya todo está curado…la energía cambia y me miran los dos y me dicen:

“Papá, jugamos al juego del Uno de los Minions”. Y yo, les digo que sí, que me encanta. Y nos ponemos en la mesa y Martí reparte. A su manera. Él elige sus cartas. Y Nil, las pone boca arriba. Las enseña todas. Y las reglas de juego cambian a medias. Y yo…me dejo. Y veo la cara de Martí, que se ha elegido las cartas y que ganará seguro, y Nil me da penita, porque perderá. Pero yo, voy a perder más. El que más. Y me dejaré. Me encanta jugar con mis hijos y perder. Me siento mejor padre. Llamadme burro. La cara de Martí ganando y Nil sin perder del todo…mola. Mucho. Muchísimo. Más que muchísimo. Os quiero. Me encanta. Sois los mejores hijos del mundo. Para mí, por supuesto!

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2 comentarios en “Y yo me dejo…mucho…

  1. ¡Cuánta verdad! Los niños provocan cosas así de dispares. Siempre digo que son los mejores coaches emocionales que podemos tener! jajaja Son los mejores terapeutas también.
    Me ha encantado este artículo, tan íntimo y a la vez tan universal.

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