Un accidente accidentado…

El miedo, esa emoción que nos hace tomar precauciones ante alguna actuación que tenemos que hacer en deteminar momento. Es lo que nos hace ser prudentes, no temerosos. No nos engañemos. El miedo está mal visto. Todo el mundo quiere vivir la vida sin miedo. Ser personas que no tengan miedo. El miedo nos paraliza. El miedo no nos deja salir de la zona de confort. Y otras sutilezas de este estilo…
Resulta que el miedo es una emoción básica que nos permite sobrevivir y seguir vivos, que es básicamente lo mismo. Por lo tanto, el miedo se debe gestionar correctamente, no dejar de sentir. Cuando no sentimos miedo, hacemos determinadas cosas de forma temeraria, quizás por encima de nuestras posibilidades actuales (por favor que nadie piense que me estoy autolimitando).
Y para qué todo este “rollo” que os estoy contando. Pues porque cuando nuestros hijos son pequeños, los debemos enseñar a tener, convivir y gestionar sus miedos. Como por ejemplo que cuando salgan en bicicleta y vayan por una bajada, lleven casco por si pasa algo, y conozcan sus propios límites. Y una manera de conocer los límites es básicamente, caer. Y eso es lo que hizo Nil ayer mismo por la tarde yendo en bicicleta. NOTA: adjunto foto para ver las consecuencias, no graves, de su aprendizaje de ayer.
Cayó. Martí estaba a su lado. Le gritamos: “Martí, que tiene sangre?” Y nos dijo: “Siii” y los cogió, a Nil y a la bici, y los acercó a la acera para que si pasaba un coche no los arrollara. Hizo de hermano mayor. De muy buen hermano mayor. Llegamos al lugar del accidente, y sí, tenía sangre, en la barbilla (donde ya ha llevado puntos) y en la mejilla. Lo cogimos en brazos y a medio camino hasta llegar a casa de sus primitos, le empezó a salir sangre de la nariz. Yo, en un error de cálculo, llego al baño de casa de los primitos, y mientras Mariona buscaba “cosas” para limpiarlo, lo pongo delante del espejo. Todo, y cuando digo todo, quiero decir todo, comenzó a dolerle mucho más!!! Como sabe cualquier padre del mundo, cualquier dolor si hay sangre es mucho más dolor. Es automático. Siempre. Es la primera pregunta que hacen los niños, y niñas: “Papá, mamá, hay sangre?”. Mentiras piadosas aceptadas.
Una vez limpio, a urgencias. Radiografía de la nariz. Y todo correcto. Un susto más. Un aprendizaje más. Y yo lo cuento aquí, con pelos y señales porque así me quito mi susto de encima y lo comparto, que se hace menos pesado. Y por cierto, se durmió con la mano cogida, como cuando era más pequeño, y llorando porque no quería haber caído. “Tranquilo Nil, de todo se aprende. Que pases una buena noche. Te quiero”.

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