El otro día, la nostalgia, un pasillo y los Hermanos Marx…

El otro día, Nil, se pasó la tarde tocando la batería. Ninguna novedad. Es nuestro día a día. Nuestro tarde en tarde. Toca 10 minutos. Descansa 1 y vuelve a la carga.
El otro día, yo no estaba por la tarde. Llegué tarde. Muy tarde. Los niños ya dormían. Ambos. Y Mariona me dice que Nil se ha caído. Para variar. Es muy amigo de la gravedad. Se ha caído tocando la batería. Cayó del asiento y le ha caído la caja (o un tambor) encima y le ha hecho una buena rasguño en la cintura. Le ha puesto dos tiritas mágicas y aquí se acaba el dolor.
El otro día, Nil se despierta diciendo que le duele terriblemente la cintura. Nos oye discutir con Mariona. Llora mucho. No se puede dormir. Lo cojo y nos ponemos de acuerdo con Mariona que, entre la caída de la bici y esta vez, quizás tiene un poco de miedo. Lo llevamos a nuestra habitación. Para que esté mejor. Y para Martí, pobrecito, que pueda dormir sin los llantos y gritos de su hermano.
El otro día, con Nil en la cama, no había manera de que se durmiera. Se retorcía de dolor y ya nos planteábamos ir al hospital para que descartaran si tenía algo que se nos había pasado. Y de golpe, lo cojo. Me lo pongo en brazos. Y empiezo a caminar por el pasillo. A oscuras…
El otro día, estuve haciendo un ejercicio de nostalgia. Mientras paseaba arriba y abajo, escuchando cómo se movían algunas baldosas del pasillo, algunas de la cocina y algunas del comedor, me venía a la cabeza cuando Nil nació y lo paseaba arriba y abajo. Hacía lo mismo, pero pesaba 10 kilos menos. Hace más de 3 años.
El otro día, recordaba lo bonito que es que, mis hijos se relajen y se duerman mientras camino. Todo oscuro. Todo es tranquilo. Nil se mueve cada vez menos. Sólo algunos escalofríos que le vienen justo antes de dormirse. Y me acuerdo que esto es lo que me decía que pronto podría dejarlo en la cuna porque ya se había dormido. Y cuando paraba, levantaba la cabeza de mi hombro, y me miraba con los ojos llorosos y me decía: “Papá, camina un poco más.”
El otro día, después de un intento de dejarlo en la cama, tuve que volver a caminar un buen rato. Pasillo arriba y abajo. Hablando bajito a su oído. Caminando casi como si bailara, para que el movimiento fuera fluido. Para que se calmara. Para que se durmiera. Y cuando se durmió, fui a la cama, junto a Mariona. Me puse una almohada en la pared y me medio estiré con Nil encima. Con su cabeza en el hombro. Como cuando tenía meses, pero ahora, eran años, y más kilos, y más calor, y más amor. Todo esto va a más.
El otro día, estuve haciendo un ejercicio de nostalgia. Y me parece que Nil… también…
PS: Dos horas más tarde, con todos 3 durmiendo en la cama, se acercan unos pasos, y vemos a Martí: “Quiero dormir aquí, con vosotros”. Medio lloroso. “Va, Martí, ponte a mi lado”, le dice Mariona. Y dormimos, como podemos. Mariona. Martí. Nil. Y yo. Y pienso: “Comprar una cama de 2 metros x 2 metros fue una gran idea”. Y no puedo dejar de pensar que un día, esto no estará. Y tengo nostalgia del pasado, del presente y del futuro que no será. Y sonrío…

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