Hermano mayor, hermano pequeño,…

Están obsesionados. Cada día se miden.
“A ver si ya paso de 1,20 metros”, dice Martí. Sobre todo por si se podrá subir o no a los kamikazes de los parques acuáticos. Él sí sabe qué es lo importante en la vida. Algún día quizás se olvide. Pero es parte de mi responsabilidad y de Mariona como padres de que no pierda nunca de vista que lo importante en la vida es hacer que lo importante sea lo importante.
“A ver si llego a 1,10”, dice Nil. “Con zapatos sí llego, papá”. “Martí tiene 5 años y yo 3”. “Él es mayor”, me dice. Y entonces, comienzan con los cálculos. Comienza Martí: “Cuando yo tenga 50, Nil tendrá 48”. Y Nil, mono como él solo, pregunta: “Yo seré mayor, papá?” Y yo le digo que no, que siempre será el pequeño. El hermano pequeño. Si acaso será más alto, pero no mayor. Y eso, a veces, no lo entiende. Y se enfada. O se enfada Martí. O me acabo enfadando yo porque han acabado pegándose porque no se entendían. Y entonces pienso que un día, seguramente, los dos serán más altos que yo. Y me cuesta de imaginar. Pero me encanta.
El hermano mayor y el hermano pequeño. Para siempre. Hay dinámicas que se notan. Martí le enseña cosas, y Nil aprende. Y le hace caso. Y Martí, a veces, le enreda. Y le hace preguntas para que las conteste, o no. Y entonces está contento de saber más. Es mayor. Y Nil se enfada porque no sabe lo suficiente. O porque Martí le ha dado la respuesta y no le ha dejado pensar el suficiente rato…
Y se pegan. Y se abrazan. Y se hacen la puñeta. Mucho. Y comparten juegos. Y confidencias. Y se dicen secretos al oído. Y se ríen. Mientras cenan. Y Se atragantan de tanto reír. O les sale el agua por la nariz. Y yo me enfado, a veces. Y Mariona, también.
Y hacen de niños. Y hacen de hermanos. Y todo esto forma parte de hacer de hermanos. Y se preocupan. Y si salgo de casa deprisa porque Martí o Nil no se ponen los zapatos, uno espera al otro. No se irían sin el otro ni locos! Aunque al cabo de 10 segundos están en el ascensor enfadados porque uno ha entrado antes que el otro, o ha tocado el botón para hacer subir el ascensor. O…cualquier excusa es buena…
Y yo, me los miro. Son muy monos. Son muy hermanos. Y pienso por un momento qué harían sino se tuvieran el uno al otro. Y pienso que Martí vivió dos años sin Nil, como hijo único. Hasta que nació Nil. Y él se hizo mayor de golpe. Se convirtió en el hermano mayor…
Y sí…Martí es el mayor. Muy mayor. Y va más deprisa con su bicicleta, su patinete, nadando en la piscina. Se tira más lejos. Salta de más arriba. Cuenta más rápido. Y hace más puntos en el juego de Slippy Slopes. Casi tantos como yo…”Más de 300, papá”…y yo me alegro. Ya me atrapa…
…Pero todavía me alegro más cuando se enorgullece de Nil cuando hace 50 puntos, o va con su bicicleta, patinete o nada sin “manguitos”.
Y aún me enorgullezco más cuando se da cuenta que Nil silba mejor que él. Es el pequeño. “Pero no pasa nada”, me dice. “Yo ya sé hacer otras cosas. Es muy mono Nil”. Son muy monos los dos. Son hermanos. El mayor, Martí. Y el pequeño, Nil. Y su vida irá de esto. Siempre comparándose. Siempre referentes. Martí y Nil. Ya son un pack. Qué suerte que estéis aquí. Lo dejo aquí escrito por si algún día se me olvida …

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