Vuelve…

Hoy día 12 de septiembre, Martí y Nil vuelven a la escuela. Y yo, vuelvo al trabajo. El mismo día y creo que la misma mezcla de pereza y emoción que tienen ellos la comparto yo.Les he dejado en la escuela y hemos hecho una fiesta. Bueno, de hecho, la escuela hace una fiesta. El primer día es tradición. Y cantamos y bailamos (de acuerdo, Nil ya me ha avisado que no tenía ganas y que no bailaría ni cantaría). Martí sí ha bailado y mientras lo hacía me sonreía y me saludaba con la mano. Y les acompaño a clase…
Martí a Víbries. Y me abraza mucho y me da besos. Se nota que me echará de menos. Y yo a él. Y me dice que llevo unos zapatos muy bonitos. Y me sonríe. Y me da penita. Le dejo sentado. Con el bolso encima de la mesa y su primer rasguño en la mano que ya hemos tenido que curar con un poco de agua y de jabón. La ayudo a buscar sitio en su nueva clase. Y le sonrío. Y sonrío a la maestra. Y Martí me vuelve a decir: “Ya te marchas?”, Y yo le digo que sí, que he de acompañar a Nil a su nueva clase. Y me voy. Y me giro y le digo adiós. Y me mira con esa cara que le conozco de contento/triste y me hace adiós con la mano.

Nil a Marracos (es lo que tiene llevar a los niños a Fonollosa, a l’Escola dels Dracs, que las clases tienen nombre de dragones!). Nil hace P4. Me estoy un ratito más. Leo cuentos con él, sentado en aquellas sillas de enanos que tienen en la clase. Casi no me cabe el culo. Empezamos con un cuento de Fieras Feroces. Y lo pasa rápido. Y leo otro cuento. De animales, también. Y poco a poco va mirando a sus amiguitos. Y le dejo jugando con dos vacas, a luchas, junto a su amigo Quim. Sé que estará bien. Ya es su segundo año. Pero es pequeño y me da penita. Me levanto y me dice: “Ya te vas?”, Y yo le digo que sí, y le pregunto si estará bien y él me dice que sí, claro que sí!
Además, les prometo que al ser el primer día, les subiré a buscar a la escuela en coche. Y me explicarán cómo les ha ido. Y les llevaré merienda. De la buena. Con mucho chocolate.
La combinación de pasar todo el verano con ellos y haberlos dejado los últimos 9 días para ir a Nueva York con Mariona, hace que ahora les eche de menos mucho. Parece que necesito muchos abrazos y besos y cosquillas. Demasiados días sin. Demasiado días con. Demasiado días…
Sé que puede sonar a padre típico. Sé que en todas partes se habla de lo mismo. En la tele, en la radio, en los periódicos. Se ve por las calles que la actividad se reanuda. Y a mí me encanta. Pero yo, no sé porque, este año les echo de menos especialmente. Tengo ganas de que lleguen las 17 horas. La hora de acabar. Y verles las caras. Estarán emocionados. Lo sé. Se lo habrán pasado muy bien. Pero yo tengo ganas de jugar un rato con ellos en la plaza mientras esperamos a Mariona. Tengo ganas que Martí me agobie con mil nombres y evoluciones de Pokémon. Tengo ganas de que me haga leer el libro de más 700 pokémons que le trajimos de Nueva York y que, por supuesto, se ha llevado a la escuela aunque la bolsa le pesara un huevo y medio. Y yo tengo ganas de enseñarle un Pokémon nuevo que he encontrado y dejarle evolucionar otros pokémons que tengo en el iPhone. Y tengo ganas de que Nil me haga subir a casa a buscar el balón para chutar un poquito entre las columnas del Ayuntamiento, y me pare todos los goles. Se pone muy contento. Y yo también. Y tengo ganas… muchas…
Son unos flipados, Martí y Nil. Y a mí, me encanta…y les echo de menos. Vuelve… todo vuelve…

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