Abracadabra!

Los y las que me conocéis, ya sabéis que yo no he hecho proselitismo de tener hijos. Cada uno que haga lo que quiera. No voy a juzgar a nadie por no tener, por tener uno, dos, o cincuenta. En serio. Ya somos todos bastante mayorcitos para decidir qué queremos hacer con nuestra vida.
Y recuerdo cuando nació Martí, que pensé: “Uf…ya se me ha acabado la tranquilidad”. Y sí, se me acabó la tranquilidad. Y después nació Nil, y aún se me acabó más la tranquilidad. No he de engañar a nadie…
Ahora bien…Martí está a punto de cumplir 6 años (hace tanto que lo dice que me parece que ya está a punto de cumplir 7) y Nil 4 (ídem). Y sigo teniendo menos tranquilidad que cuando no estaban en mi vida. No he de engañar a nadie…
Pero dejadme decir que la tranquilidad se ha convertido en magia. Pura. Tierna. Divertida. Magia. Abracadabra. Tal cual. Aparecieron y transformaron la tranquilidad en magia. Y me gusta. Me gusta mucho la magia. Y Martí y Nil, son magos. De los mejores del mundo. Son magos transformadores de la realidad…
Dejadme que os lo explique…
Si hace unos años llegaba cansado de trabajar después de estar todo el día fuera de casa, lo normal era cena y tumbarme en el sofá hasta quedarme frito con baba incluida. Tranquilidad. En estado puro.
Si ahora llego cansado de trabajar (y feliz como una perdiz), cuando me acerco a la puerta y pongo la llave en la cerradura, dependiendo del’hora y el día, me puedo encontrar magia en estado puro …
…Que los niños oigan la llave y, yo, acercándome a la puerta escucho: “Papá…ya llega Papá” y a mí, me encanta. Abrirla y encontrármelos tirados en el sofá, con Mariona, todos 3. Esperándome para explicar lo que les ha pasado durante el día…
…Que yo abra la puerta y me los encuentre por el pasillo vestidos de Spiderman, con máscara incluida y vengan corriendo a abrazarme y tirarme redes, imaginarias. Las redes, no los abrazos…
…Que pase por el pasillo y los oiga a losa 3 en la cocina, cenando, charlando, jugando,…
…Que abra la puerta de la escalera y vea la bicicleta y los cascos que tengo que subir porque no cabía todo en el ascensor. “Hoy han jugado en la plaza” me digo a mí mismo. Me encanta vivir en una plaza…
…Que baje del coche y me llegue un whatsapp con la voz de Martí y/o de Nil gritando que cuando llego, que me echan de menos o que me quieren explicar algo muy importante (que ya puedes imaginarte pero que para ellos lo es todo)…
…O como el otro día, que llego pasadas las 22:00 horas. Que ya deberían estar durmiendo. Y que oiga como gritan: “Papá, ya ha llegado papá. Ven a la habitación. Con mamá. Quédate con nosotros”. Y nos quedamos los cuatro estirados. Y Nil me quiere explicar que Martí le ha pegado. Y Martí que me pregunta si tengo Pokémons nuevos. Y yo les pregunto que si lo han pasado bien en la escuela. Y me dicen que mucho. Y Mariona ya está medio dormida junto a Nil. Y yo, tengo hambre. Y estoy cansado. No he cenado. Me quedo un rato más. Les digo que voy a cenar y después entraré a darles un beso. Mariona ya no está. Yo salgo. Y Nil grita: “Quiero a mamá”. Esto parece una carrera de relevos. Me encanta. Me voy a la cocina. Me caliento unas croquetas. Me hago un pan con tomate. Me abro una cerveza. Me siento en la mesa. Ceno y descanso…
Ya no tengo tanta tranquilidad, pero ahora tengo magia. De la de verdad. No de la del Tamariz o el Mago Pop. Abracadabra: La magia de Martí y de Nil. Y cada día es un espectáculo difererente. Os quiero. A los tres…

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