Ya tengo más de una mano…

Así se ha levantado Martí hoy por la mañana. Con esta frase: “Ya tengo más de una mano, ya soy mayor!”. Y sí, tiene razón, Martí ya tiene más de una mano. Concretamente tiene una mano y un dedo. “Y tú, papá, ¿cuántas manos tienes?” “Casi 9, hijo mío!”. Madre mía, cuántas manos! Cuántos años!
En casa somos de equipos, Nil siempre forma parte de “equipo fútbol” conmigo y Martí, del “equipo Pokémon”. De todos modos, si hay un equipo del que me siento excluido en casa, es el de los cumpleaños. Mis hijos son Escorpio (un dato como otro) y Mariona, también. Martí, del 2 de noviembre, hoy, y Mariona y Nil, del 14. En cambio, yo, del 12…de mayo! En la otra punta del calendario. Y me lo recuerdan mis “hijitos”. “Papá, cuánto te falta para el cumpleaños?”, Y yo “180 días”, y ellos “Hala, cuánto tiempo, nosotros lo cumplimos ahora !!!!”. Y así, cada año, desplazado, cumpleañísticamente hablando, de mi familia de escorpios…
Martí lleva días haciendo una cuenta atrás. De hecho, hace tantos días que habla de su cumpleaños, que me parece que, en vez de 6, ha cumplido 7 años! Pero no, no corramos. Ha cumplido 6 años. Y está feliz, muy feliz (VER FOTO ADJUNTA). Y así me gustaría que siguiera. Año tras año, que yo pueda colgar fotos donde sale con esa cara, tan de Martí. Tan feliz…
Este año, ha incorporado una nueva emoción a su cumpleaños. Y es, la vergüenza. Este año, parece que le da vergüenza ser el centro de atención de la fiesta y que 40 niños y niñas le canten la canción (no sé cuál, porque no la quiere cantar. Debe tener vergüenza!) de Feliz Cumpleaños. Yo le entiendo. Yo también tenía mucha vergüenza cuando era pequeño, e intuyo qué le pasa por la cabeza. Y, en casa, Mariona y yo hemos hablado con él, y le hemos preguntado qué piensa, cómo se siente, y toda una serie de cuestiones, a ver si consigue vivir esta vergüenza, por otra parte normal, con normalidad (valga la redundancia) …
Y, claro, Martí, que tiene a Nil a su lado, tiene conversaciones fraternales. Y ayer, cuando salió la conversación de la vergüenza, en el coche, Nil, le intentó dar alguna herramienta “emocional” para vivir mejor. A su manera. Para un niño de casi 4 años. Ahora, no la recuerdo, pero a Mariona y a mí nos hizo mucha gracia este intento de ayuda. Y Martí le contesta: “Yo ya tengo una de herramienta en la cabeza”. Y nosotros pensamos que qué suerte que Martí tuviera una herramienta en la cabeza. Y, claro, le preguntamos cuál era esa herramienta, y nos dice: “Tengo un martillo”. De acuerdo, tiene 6 años recién cumplidos. Quizás nos estábamos flipando. Pero quizás este martillo le ayuda a aplastar la vergüenza. No lo sé. Hoy cuando llegue de la escuela le preguntaremos cómo ha ido su fiesta en la escuela y ver cómo ha ido la vergüenza, la felicidad y otras emociones. Y también, por supuesto, si la coca y el chocolate que ha llevado eran buenas!
Martí tiene una mano y un dedo. Martí es mayor. Es Martí. Me trastornó la vida cuando nació, y me la sigue trastornando cada día. Por suerte. Quiero seguir celebrando manos con él. Cumpleaños y aniversarios de manos. Supongo que el próximo será cuando consiga las dos manos. Los 10 años. O las dos manos y un dedo, 11 años. Y cuando eso llegue, yo estaré a un dedo de las diez manos. Pero, por suerte, todavía me faltarán 180 días.
Martí tiene una mano y un dedo. Y eso, al parecer, para él, es muy importante. Es un paso más.
Martí se está haciendo mayor. Una manía que tienen los niños. Hacerse mayores. Y a mí, todo esto me está pasando volando.
Y yo, seguiré escribiéndole posts. Como este. O diferentes. Hasta que él decida que quizás ya basta de hacer su vida pública. Y entonces, tal vez, y digo tal vez, seguiré escribiendo posts en mi intimidad, para seguir recordando como cada año que pasa, Martí se hace mayor. Como la canción de la “Croqueta Arrebossadeta” que le cantábamos de pequeño… “Rodolant, rodolant, rodolant, el Martí, cada dia es fa més gran…” Y, de este modo, poder recordar, cada uno de sus cumpleaños .
Martí, te lo digo todos los días, muchas veces, a veces, demasiado, por la cara que pones, pero no me cansaré nunca. Te quiero. Mogollón, o mogollonísimo que dices tú. No lo olvides nunca. Y sí, hoy ya te lo he dicho, te lo escribo y te lo volveré a decir cuando llegue a casa.
Y quieres que te diga con qué me quedo de este aniversario de la mano y el dedo? Que te he podido acompañar hasta la clase llevando la coca y el chocolate. Tu cara de felicidad cuando las he dejado en tu mesa. Y el beso que nos hemos hecho de “Hasta la tarde y pásatelo muy bien, con vergüenza o sin ella”. Y me he quedado con eso, porque sé, o creo que llegará un día en que habré de dejarte en la escuela, pero un poco lejos para que no me vean tus amigos, y tendré que darte el beso antes de bajar del coche. Hasta que no llegue ese momento, te llenaré de besos y abrazos hasta que me digas basta!

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