De resfriados y cambios de decoración…

Hoy es miércoles, lo sé. También sé que el post debería haberse colgado el lunes, pero entre el resfriado que llevo y el trabajo que tengo, no he tenido tiempo para escribir.
El resfriado es de los bonitos bonitos. De kleenex en el bolsillo. De mocos por todas partes (y disculpaf si estáiscomiendo). De estornudos. De voz de locutor de radio. “Lávate que ahora vengo” que diría la gran Carmen de Mairena. De tos. Un poquito. Y de dopaje. Suerte que los formadores no tenemos controles antidoping porque sino yo no los pasaría. De Frenadol a Ibuprofeno y tiro porque me toca. Ahora própolis, ahora pastillita. E ir tirando hasta el fin de semana. Lo sé. No debería hacerlo. Pero sino, como habría aguantado 10 horas de clase ayer, entre Barcelona y Manlleu. Saliendo de casa a las 07:15 y llegando a las 22:15. Cansado. Extasiado. Hecho polvo. Feliz. Me encanta dar clase. Sino me encantara, no lo aguantaría.
Y después de esta (breve) descripción de mi (jodido) estado físico, paso a relatar lo que os quería contar y que hace referencia al título del post.
Habéis asistido nunca a una fiesta de cumpleaños de niños y niñas de entre 3 y 7 años?
Han sido unos 15 niños y niñas y 15 padres y madres?
Ha durado 3 horitas y han corrido y comido (dopado) chocolate, zumos, cacaolats y chuches hasta que el intestino les ha dicho basta?
La fiesta ha sido en casa? Pero no en una casa con jardín en verano, no. En un piso en el centro de Manresa en noviembre con la puerta de salida a la terraza estropeada y, por lo tanto, inutilizada.
Si habéis contestado que sí a todo, bienvenidos, es la fiesta de cumpleaños de Martí y de Nil (sí, sí, conjunta, y de ahí la acumulación de gente) del domingo pasado!
Hubo un momento que mi casa empezaba a parecerse a un Sincrotrón. La energía y el movimiento de los niños y niñas era tal, que estuvimos a nada de descubrir el Bosón de Higgs. No me atreví. A un paso de conseguir abrir un agujero negro, y la casa empezaba a tener un campo gravitatorio propio. Justo cuando ya teníamos el descubrimiento científico a tocar, quedamos con Mariona que qué tal si se iban a jugar fuera, en el Parque de la Seu, y fue decirlo y…
…Dos milisegundos, la puerta abierta, zapatos y chaquetas y todos a la calle a jugar. Parecía el concurso de perros pastores de Castellar de n’Hug: “Izquierda, derecha, jau, …”. Todos hacia la escalera. Bueno, todos, todos, no….Yo me quedé a limpiar los daños colaterales y fui más tarde. Cuando ya estaban calmados y justo después de que Martí aplastara una caca con el anorak y que Nil se diera un golpe en la cabeza mientras los otros tiraban confeti en medio de la plaza (NOTA: que difícil es barrer confeti en la calle cuando hace viento) …

Y la fiesta…un éxito absoluto! Todo el mundo se lo pasó en grande! Martí y Nil entre contentos, cansados ​​y espitosos…
…Y Mariona y yo…pues, nos dimos cuenta de que ya que habíamos apartado el sofá del comedor para que los electrones, ay, perdón, los niños y niñas corrieran libremente, tal vez se podía quedar así. Y voilá, con la rapidez, obsesión y agonía que me caracterizan, ya tenemos cambio de comedor, y sala, y pasillo…y todo en un día. Ahora entiendo porque estoy así de hecho polvo!

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