Es demasiado…

Hay momentos de hacer de padre que son demasiado. Particulares. De cada uno de nosotros. La lista sería eterna. No se acabaría nunca.
Cuando digo demasiado, quiero decir demasiado. Exagerados. Las emociones extremas. Todas. Todas. Todas. Lo repito para que quede claro. Todas. Las agradables y no tan agradables. Hacer de padre es demasiado. Cuando decides ser padre, no sabes qué pasará. Por mucho que te lo cuenten no puedes saber qué sentirás. No es posible entender las emociones que despierta tener un hijo hasta que lo tienes. Y no uno. Dos. Martí y Nil. Y si no es uno, es el otro.
Hacer de padre es demasiado.
Un lunes cualquiera, Mariona se va a trabajar y cinco minutos después de levantarse, Martí se desliza en nuestra cama, se me pone al lado. Acurrucado. Me abraza. Me dice: “Te quiero”. Le abrazo y nos dormimos los 20 minutitos que nos quedan hasta que suene el despertador.
Hacer de padre es demasiado. Y, a veces lo tengo que escribir. Lo necesito. Y leerlo. Y releerlo. Por aquellos días que hacer de padre también es demasiado.
PS: Terminad la frase de la foto (si os apetece)…

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